Te acompañaban siempre los violines.
Tus poemas estaban en ti como los peces
en el fondo de un río.
Eso es lo que vi en ti:
peces en el desierto,
música amenazada.
Te vi hacer bosques y subir montañas,
te vi cavar abismos con las manos.
No supe dónde ibas.
Te vi buscar la sombra entre la luz,
te vi buscar la muerte entre la vida,
y no pude entenderte.
Yo no sé qué has ganado, pero sé que has perdido:
tu música,
tus peces,
tus montañas azules.
No puede ser feliz quien entierra su tesoro.
No puede ser feliz
quien envenene el agua de su vida.
De " Un caso sencillo" 1986
BENJAMÍN PRADO
No hay comentarios:
Publicar un comentario